No es pereza, es civilización: en defensa de quedarse en la mesa un rato más
Photo: Malcolmxl5, CC0, via Wikimedia Commons
Existe un plato que no está en ninguna carta, que no se paga aparte y que, sin embargo, es probablemente nuestra exportación gastronómica más singular. Se llama sobremesa, y aunque el diccionario lo define con frialdad como "tiempo que se está a la mesa después de haber comido", cualquiera que lo haya practicado en condiciones sabe que es otra cosa: un territorio sin prisa, sin agenda y sin reglas.
El ritual que no se enseña, se hereda
Nadie nos hace un curso de sobremesa. Se aprende por ósmosis, viendo cómo el abuelo rellena la copa "solo un dedo" a las cuatro de la tarde, cómo alguien saca el tema que llevaba semanas guardado y cómo la comida de tres platos se convierte, sin que nadie lo decida, en una tarde entera. Los sociólogos que han estudiado el fenómeno coinciden en algo: en España, la mesa no es solo el lugar donde se come, sino el escenario donde se negocia, se reconcilia, se cotillea y se decide. La sobremesa es el verdadero negocio de la comida.
No es casualidad. Algunos apuntan al clima y la cultura del paseo; otros, a que durante siglos la comida fue el único ocio accesible. Yo creo que hay algo más profundo: quedarse es una declaración de intenciones. Dice, sin decirlo: lo que tenemos aquí vale más que lo que me espera fuera.
Las prisas y el móvil: los dos ladrones
Eso sí, la institución está amenazada. El primer enemigo es evidente: la prisa. La comida de veinte minutos, la reunión que sigue, el descanso que se recorta. El segundo es más insidioso, porque se sienta a la mesa con nosotros: el móvil. Hay sobremesas donde cinco personas comparten espacio y cada una vive en una pantalla distinta. Técnicamente estamos de sobremesa; en realidad, cada uno se ha ido ya.
Y aquí mi tesis incómoda: la sobremesa no muere por falta de tiempo, sino por falta de costumbre de estar. Estar sin estímulo, sin scroll, sin siguiente tarea. Es un músculo, y como todos los músculos, se atrofia si no se usa.
Lo que el mundo intenta copiar
Mientras nosotros dudamos, fuera nos imitan. En Nueva York hay restaurantes que anuncian "Spanish-style lingering" como si fuera una novedad de marketing. En el norte de Europa, donde la sobremesa casi no existe, los libros de felicidad danesa y los estudios sobre bienestar recomiendan comidas largas y sin reloj. Nosotros teníamos la receta en casa y estamos dejando que se enfríe.
Manifiesto por la sobremesa larga
No hace falta revolución, solo resistencia cotidiana:
- Deja la cafetera llena. Nadie se levanta mientras quede café.
- Móviles en el bolsillo o, mejor, en otra habitación.
- No pongas la televisión: es la sobremesa sustituta, la falsa.
- Si no hay tema, mejor. La sobremesa también sabe estar en silencio.
- Acuérdate: nadie recuerda con cariño la vez que se fue pronto.
En una web que se llama Cornucopia, que celebra la abundancia, sería un pecado no reivindicar la abundancia más barata y accesible que existe: media hora más de conversación. El postre se acaba. La sobremesa, si la cuidamos, no tiene por qué.