Tascas de las de antes: cinco mesones de barrio donde la abundancia no está en la carta, está en la mesa
Photo: tasca española de barrio mesón tradicional platos caseros mesa llena, via platos-tipicos.com
Hay un tipo de restaurante que no aparece en las guías de moda: no tiene reserva online, ni carta con tinta de diseño, ni platos pensados para la foto. Tiene, en cambio, algo más escaso: generosidad. Tascas y mesones de barrio donde el cocinero te mira y piensa "a este le va a faltar comida" y te pone de más. Hemos reunido cinco, repartidas por la geografía española, con la promesa de que en ninguna saldrás con hambre ni con el bolsillo llorando.
Casa Paco, Madrid — el clásico que no necesita renovarse
En un barrio de los de toda la vida, este mesón lleva décadas sirviendo cazuela tras cazuela. La anécdota que circula entre parroquianos es que el dueño prohibió la música porque "estorba a la conversación", y lleva razón desde entonces.
- El plato que no te puedes perder: callos a la madrileña, de las de cuchara larga.
- Si vas con hambre de verdad: pide los callos y un guiso de ternera para compartir, con pan de hogaza. No hables, come.
Bar La Plaza, Valencia — arroz para tres días
Aquí el arroz no se pide, se negocia con la cocina. Las raciones son de las que obligan a pedir menos de lo que dicta el entusiasmo. La leyenda local cuenta que un cliente pidió "media ración" de fideuà y le sirvieron una bandeja que ocupaba media mesa.
- El plato que no te puedes perder: all i pebre de anguilas cuando toca temporada.
- Si vas con hambre de verdad: arroz al horno entre dos, aunque seáis tres. Créenos.
Mesón El Portalón, Burgos — lechazo y sin prisa
Un mesón de piedra y vigas donde el cordero llega al punto y las ensaladas son un pretexto honrado. El dueño, tercera generación, sigue apuntando las comandas en una libreta que ya es patrimonio del local.
- El plato que no te puedes perder: lechazo asado en horno de leña.
- Si vas con hambre de verdad: cuarto de lechazo, morcilla de Burgos a la brasa y un postre de la tartera. Sí, de la tartera: allí están los mejores.
Casa Remedios, Sevilla — la esencia del guiso lento
Abre a mediodía y cierra cuando se acaba, ni antes ni después. Remedios, la matriarca, todavía revisa cada plato que sale. Dicen los vecinos que un crítico le pidió una versión reducida de su plato estrella y ella le contestó que "el hambre no se puede llevar en cantidades pequeñas".
- El plato que no te puedes perder: cola de toro al vino tinto.
- Si vas con hambre de verdad: cola de toro, espinacas con garbanzos y tortillita de camarones para empezar. Luego, siesta.
Taberna O Ribeiro, Santiago — Galicia en raciones generosas
En pleno casco, lejos de las trampas turísticas de siempre, esta taberna sirve el mar y la huerta en cantidades que asustan al forastero y encantan al local. La anécdota obligada: la pizarra de vinos la escribe a mano el hijo de la casa y nadie, ni el propio padre, entiende del todo su caligrafía.
- El plato que no te puedes perder: pulpo á feira, hecho con oficio y sin alardes.
- Si vas con hambre de verdad: pulpo, zamburiñas y una empanada de xoubos para repartir. Y pan, siempre pan.
La verdadera estrella
Ninguno de estos locales figura en rankings, y quizá por eso sobreviven: porque su única ambición es que comas abundante, bien y barato, y que salgas pensando en cuándo volver. Eso, que suena a poco, es exactamente el espíritu de la cornucopia: mesas que rebosan, cocinas que no miden con cuentagotas y precios que respetan al cliente. Busca la tasca de tu barrio con ese espíritu. Estoy segura de que existe; solo hace falta sentarse a la mesa.